Iglesia de Pombeiro... Muy cerca de la confluencia entre el Sil y el Miño, entre escarpadas pendientes y terrazas de vides, emerge grandiosa la silueta del cenobio de Pombeiro, joya arquitectónica documentada ya en el año 935.
Dirección: Pombeiro

Delimitado entre los ríos Cabe, Miño y Sil, Pantón es un mosaico de parajes naturales de inmensa belleza, de manantiales milagrosos, de leyendas ancestrales, de afamados vinos y, por encima de todo, cuna del arte románico en su máximo esplendor. No es de extrañar que nuestros más primitivos ancestros eligieran estos lares como morada, prueba de ello fueron las mámoas de los montes de A Mora y Sampaio; que los castrexos se asentaran en Guítara (Eiré), Ferreira, Castillón, Espasantes (Vilaxilde) donde los “mouros” retenían a una princesa secuestrada, o en Marce (Vilar de Ortelle) donde un ser mitológico acuático o “xacia”, muy hermosa, se desposó con un pescador de ribera, o que los romanos dejaran su impronta en Castillón donde aparecieron monedas, cerámica, hipocaustos, aras votivas y lápidas, y en Atán otra ara con incrustaciones de figuras humanas y escenas de caza.

Orientemos nuestra primera visita hacia sus magníficos edificios de culto. El relato ha de comenzar por la Cueva Templo de O Cotillón, primera iglesia de la Ribeira Sacra y una de las más antiguas de Galicia. Se trata de una construcción excavada en roca en la ladera del monte Acedre, a orillas del Cabe. De los primeros siglos del Medievo, adopta forma de cruz patriarcal, con arco de medio punto de diez metros de fondo y bajorrelieve con espiral y cruz latina. No muy lejos, San Estevo de Atán, monumento nacional desde 1975, para algunos de origen suevo y para otros cenobio fundado por Odoario en el 747. Situado en un entorno místico y solitario, fue destruido por los musulmanes y restaurado por Alonso II. Presenta nave con torre cuadrada anexa y celosías, tránsito entre el XII y el XIII. En su interior, ábside con bóveda apuntada, pinturas murales, arco triunfal sobre capiteles con motivos vegetales y sobre éste ventana con celosía prerrománica. Tanto sus puertas como su iconografía son también dignas de admiración.

En dirección Sur, visitamos la vertiginosa presa de Os Peares, de cerca de cien metros de altura y 500 mil m de hormigón y por sinuosa carretera nos acercamos al pueblo que le da su nombre, curiosamente repartido entre las provincias de Lugo, entre Carballedo y Pantón, y Ourense, a A Peroxa, e igualmente distribuido entre los obispados de Lugo y Ourense. Sobresalen sus puentes de hierro y hormigón y sus casas empinadas o abigarradas en el escueto llano del limo fluvial.

Desde allí arranca una carretera, casi “aérea”, que buscando las cotas de nivel, sortea los barrancos de San Paio en caída hacia el Sil. Llegamos así a San Vicente de Pombeiro y entre vides y sorprendente paisaje surge majestuoso el cenobio documentado desde el año 935. Es de planta basilical de tres naves, con tres ábsides semicirculares. En espaciosa portada, seis arcos rematados en modillones decorados con cabezas humanas y figuras geométricas. Puerta Sur muy historiada, cristalera de gran tamaño y anexa rectoral del XVIII.

Y como remate de la aventura una visita degustación a la Bodega San José, en Eiré, constituida en 1992 después de una larga tradición familiar, donde podemos catar los apreciados vinos de la Ribeira de Pantón, en versión mezcla entre mencía y garnacha; únicamente de cosecha mencía, o la variante blanca de godello, sin dejar de probar los aguardientes de orujo, café o hierbas, éste último macerado con especies del entorno de manzanilla, nuez moscada, canela en rama, hierba buena y menta.

 

Y además… en Pantón

– Rutas en catamarán por los ríos Miño y Sil; tramos de la ruta del Camino Sur a Santiago; Ruta de Pombeiro a San Cosmede, con frondosa y abundante vegetación de higueras, limoneros, naranjos, olivos, vides, castiñeiros, acacias, etc., y fauna salvaje como corzos, jabalíes y zorros…

– Lugares: cerca de las casetas de Pedén, en Pombeiro, dos tumbas antropomorfas de Reguntoiro, y luego de un descenso sobre el lecho del río Sil, una roca en forma de ciervo conocida por “Veada” que da nombre al pueblo de Penabeada.

– Leyendas: en el Castro de Ferreira la tradición oral asegura hay enterrado un fabuloso tesoro; en el de Guítara, un camino subterráneo se une al de Santa Mariña que se puede seguir por una cadena de oro que los conecta.

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