Barreiros, mas de ocho kilómetros seguidos de magníficas playas denotan su vocación turística, sin renunciar a su historia y grandes espacios medioambientales.
Dirección: Barreiros, Lugo

As Praias

Desde O Castelo de Llás, en Foz, bordeamos el litoral por el paseo marítimo hasta la playa de A Rapadoira. Un recorrido en zigzag que no supera el kilómetro y medio pero que parece toda una travesía a juzgar por sus múltiples referencias. Desde el inicio, oteando el horizonte, el islote de As Do Val. De inmediato la ensenada de A Corte y la península de A Verde y por pronunciadas escaleras en descenso accederemos a la fantástica Cova do Morto en forma de Y. Sigue el barranco de O Carreiro donde, a principios del s. XX, encalló el Folquebán de cuya madera de pirotea se sirvieron los lugareños para edificar sus viviendas. Continúa el Ollo do Mar, promontorio de donde se dice se extrajo el mineral de hierro para fabricar los cañones en los hornos del Marqués de Sargadelos. Más adelante O Folgadoiro, con cueva que se interna hasta el Ollo do Mar. Atravesado el puente de madera, la Sualta y Os Castros, luego A Correa, y en la embocadura de la playa las Penas do Escairo con los islotes Secundino, Lousas y Cagazal, ocupados por gaviotas y cormoranes. Así llegamos a A Rapadoira que con sus más de 340 metros de longitud y 100 de profundidad es el arenal urbano más concurrido de toda la comarca.

Surcando las antiguas calles de los barrios marineros focenses, llegamos al puerto pesquero donde se resguardan las lanchas y barcos entre el pantalán y el dique. Y desde el parque y plaza Conde de Fontao nos dirigimos hacia Barreiros iniciando la visita en la punta y embarcadero Anguieira, desde donde nos recreamos con una panorámica de Foz y con la urbanización del Polígono y playa de Altar. En el entorno de la playa y capilla de San Bartolo el 24 de agosto se celebra una romería con afluencia de gentes de toda la provincia para saborear, al compás de las gaitas, una sardiñada y comida campestre. No lejos están los típicos cabozos y cruceiro de Villadaíde que, junto con los de San Xusto y Rilleira (1718), en Cabarcos, Perana, en Celeiro y Moreda forman parte del paisaje rural, al igual que las casas de indianos, las iglesias de San Pedro (XVI) con interesantes pinturas y retablo, la de Cabarcos -lugar, según Plino de los “cibarcos” ciudadanos de una república romana- construcción que se remonta al año 916 y conserva un retablo barroco, o los vestigios de la nobleza e hidalguía como el blasonado Pazo de Outeiro, el de San Caetano, en Celeiro, la Casa Torre de Pumarín (1559) y los escudos del barrio de Triana en San Miguel.

Pero Barreiros es, ante todo, una playa continuada a la que se asocia la urbanización como evidencia de su vocación turística. Casi sin interrupción, al arenal de Remior le siguen el de Coto y Valea. Sigue el castro y playa de A Fontela, luego Lóngara, muy apreciada por los surfistas, Pasadas y finalmente Arealonga. Ocho kilómetros de arenas blancas y finas galardonadas consecutivamente con la Bandera Azul. En el turismo verde incluimos la Ruta de San Esteban con fuentes medicinales para aquejados de anemia o para las rosas de la piel, cascadas y torrentes, e incluso la del Camino Norte por los paisajes de Vilamartín Pequeño y Grande, Gondán y Cabarcos.

Y además… en Barreiros

– Práctica de deportes acuáticos como surf, remo, vela, motonaútica…

– Leyendas: Perseguido por sus enemigos, Santiago Apostol consiguió que su caballo saltara de una ladera a otra del monte y al tomar tierra, su herradura quedó estampada en el suelo, y hoy todavía puede verse encima de la fuente de hierro de San Esteban.

– Curiosidades: En las playas, aquel que consiga encontrar O Bítere (opérculo de color pardo anaranjado en forma de ojo), tendrá un año de suerte y amor…

– Ocio: Lunes de Pascua, romería de S. Esteban do Ermo; finales de junio, romería en Pagá de Reinante; fiesta del pulpo en Rilleira; 25 de julio, concurso internacional de castillos en la arena; agosto, Festa do Emigrante de San Miguel.

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