Illa Coelleira... Ila Coelleira, antiguamente bastión de los templarios y reserva de conejos, es hoy un referente ornitológico con más de 15000 nidos censados de 25 especies de aves diferentes.
Dirección: O Vicedo, Lugo

Illa Coelleira

Desde el Mirador situado en lo alto de Bares divisamos toda la ría de O Vicedo. En primer término y aislada de la costa unos quinientos metros emerge solemne la Isla Coelleira, circundada por los pequeños islotes de Cabaliño, Percebosa y Carabelas. Se trata de una superficie irregular, en forma de trapecio, de 28 ha. y 82 m. de alto, coronada por el faro, que linda al S. con la punta de Cruz de Liñeira, mientras al Sudoeste se sitúa el punto de atraque del Portiño. Habitada y cultivable con anterioridad, se ha convertido en un ecosistema del máximo interés donde se han registrado más de quince mil nidos de veinticinco especies de aves diferentes entre las que figuran las gaviotas claras, cormoranes, araos y otros grupos migratorios que surcan los aires desde Islandia o Groenlandia en dirección a África. Allí se afincó en el reinado de Leovigildo (573-586) el monasterio de San Miguel cuyos monjes se trasladaban en barcas de cuero a Viveiro para decir misa. En el discurrir de los tiempos, cuando Felipe el Hermoso persiguió a los hombres del Temple, éstos se instalaron en su intramuros, hasta que una noche -según cuenta una de las leyendas- “verdugos sin entrañas”, mientras repicaban las campanas, degollaron a los monjes, salvándose uno que vestido de paisano se refugió en la que todavía hoy se conoce como “Casa do Paisano” en O Vicedo.

Pero no todas son fábulas en los dominios del antiguo Riobarba. Las ruinas del castro de Suegos, al igual que los de Punta do Castro o Tarroeira, demuestran la presencia de asentamientos indígenas, con próspera evolución en el medievo como testimonia la obra ojival del XV de la iglesia de Santa María de Cabanas o la de San Pablo de Riobarba mandada construir por Fernán Pérez de Andrade a finales del XIV. A Ponte do Porto, las blasonadas casas de Alexos y O Pereiro, y los templos de Mosende, Negradas o Suegos, son otros ejemplos de su esplendor del pasado que se incorporan a la emergente oferta turística donde sus playas y calas de arena blanca y fina sirven de solaz descanso a miles de visitantes. Un paseo por una de ellas, la Arealonga, con 1300 m. de extensión, nos permite contemplar el puente de hierro sobre el estuario del Sor, el área recreativa o su perímetro boscoso, y sin abandonar la ría, nos aproxima al puerto donde se guarece la flota después de arribar de la faena diaria. En sus inmediaciones la Casa Antigua de Salazón, único testigo de las ocho anteriores fábricas que aquí se instalaron dedicadas a la elaboración de conservas de pescado y salazón.

En la nostalgia también queda su industria minera de hierro, en Negradas o Suegos, y caolín, enviado a Sevilla; los viñedos, exterminados por el oídium en 1852, o la madera y el oficio de “carpinteiro de ribeira”, para la artesanal construcción de barcos. Sea como fuera, ya de regreso, aún tenemos la oportunidad de echar un último vistazo desde el Mirador de San Román. Admirable panorámica de la ría, con la escarpada costa de San Román del Valle y a nuestros pies la resplandeciente y extensa playa de Areagrande.

Y además… en O Vicedo:

– Rutas en bicicleta de montaña desde Puente Ulló hasta Puente do Porto…

– Excursiones a la Cascada de Agua Caída, de 50 m. de altura, en la Sierra de Coriscada; Isla de San Martiño y meandros de As Negradas; ensenada y playa de Xilloi…

– Cruceiros de Cabanas; Casa do Adro…

– Curiosidad: el nombre de la Isla Coelleira se deriva de la cantidad de conejos que en su día pululaban a sus anchas por toda su aislada superficie.

– Encontramos endemismos en la isla, como las de la salamandra cántabro-galaica (Salamandra salamandra subsp.bernardezi) en Coelleira y las de la lagartija de Bocage (Podarcis bocagei).

Fuente: Deputación de Lugo