General de Burela... Burela, uno de los puertos pesqueros más importantes del Cantábrico, auténtico "timón de futuro" de A Mariña Lucense.
Dirección: Burela, lugo

A Lonxa de Burela.

Burela, ayuntamiento de pleno derecho desde el 15 de diciembre de 1994, destaca por el carácter dinámico, emprendedor y multirracial de sus gentes, que lo han convertido en un emporio comercial e industrial. En demostración de este aserto sólo hay que darse una vuelta por el puerto pesquero, uno de los más importantes del Cantábrico. Dotado con una explanada comercial de 11.374 m , con dique de dirección de 800 m, 1305 m. de atraque, 1412 m. de muelle comercial, un calado de entre 4 y 7 m., una flota de 324 barcos en su mayor parte arrastreros, de palangre y volantas, con todo tipo de servicios para embarcaciones y tripulantes, y astilleros, entre sus instalaciones sobresale la planta comercial con 5 lonjas climatizadas, 3 cámaras frigoríficas, túnel de congelación, fábrica de hielo, viveros, muelle de carga y 25 locales para exportadores. Un gran complejo que adquiere una frenética actividad coincidiendo con la subasta de las 116 especies de pescado que se comercializan, entre las que se encuentran el bonito, pez espada, merluza, sardina, caballa, pescadilla, rape y toda clase de mariscos, con un volumen anual cercano a las 18 mil toneladas y un valor en venta de unos 50 millones de euros.

Su pujanza económica y social se remonta a tiempos pretéritos. Amor Meilán no descarta el establecimiento en sus inmediaciones de “una factoría que en litoral gallego establecieron los tartesios cuando por aquí arribaron”. De los últimos tiempos de la cultura de La Téne parece datar el “Torques de Burela” hallado en el Chao do Castro, o el conocido pendiente de “Laberinto”, piezas de las más perfectas del tesoro castrexo gallego. Naves fenicias eligieron éstas costas para arribar y del pueblo romano quedan huellas reveladoras de antiquísimas fundiciones de hierro. Pero Burela, topónimo que se deriva de la “boya de corcho” usada como arte de pesca en esta costa, tiene su origen documentado en 1250 cuando el obispo de Mondoñedo otorga carta de población a sus 250 primeros habitantes. Desde entonces una retahíla de reliquias históricas han llegado hasta nosotros como prueba irrefutable de su esplendor pasado: la “Casa Torre” con blasón, A Fonte da Lamela o las pinturas del XVI de la iglesia de Vila do Medio.

Sin salir del puerto visitamos el Barco Museo Bonitero “Reina del Carmen”, en servicio desde 1968 hasta 1998. Dedicado especialmente a la pesca del bonito en las Azores mediante el arte del curricán o cacea, en su puente de mando siguen estando el radar, la sonda, plotter, GPS y los paneles de control de propulsión y la rueda del timón. Bajo cubierta, el pañol de proa, la bodega, aparejos y artes de pesca y sala de máquinas, y en el rancho de popa los exiguos camarotes, la cocina, el comedor y otros servicios. Una aproximación a las dificultades y sacrificio de nuestros marineros en la inmensidad de los océanos.

Salimos al exterior y dejando a nuestra derecha la playa de Perdouro, iniciamos un recorrido a pie por el magnífico paseo marítimo que desde la playa de Burela, con el Faro al fondo, nos acerca a la playa de A Marosa. Costa quebrada y abrupta que contornea la silueta del Cabo de Burela, nos introduce en la playa de Ril y nos sacia de brisa y olor marinos. Y como colofón a nuestra estancia, subimos al mirador del Monte Castelo, una magnífica atalaya con una área recreativa desde donde se contempla todo el horizonte de la “rasa” cantábrica, mientras a nuestros pies se sitúa la moderna y emprendedora ciudad de Burela, auténtico “timón de futuro” de la Mariña Lucense.

Y además… en Burela:

– Fiestas: Fiesta del Bonito; en junio, Procesión Marítima con motivo de la Virgen del Carmen; en mayo, Feria de Expomar…

– Gastronomía: todo tipo de pescados de roca y mariscos.

– Monumento “As Xentes do Mar”; Tipismo de los barrios del Puente, Burela de Cabo y Vila do Medio.

– Curiosidades: Cuando el propietario de la finca de Chao do Castro encontró por casualidad el

– Torques de Burela mientras trabajaba en labores del campo, pensando que se trataba de un “asa” de baúl, lo arrojó y abandonó al borde del terreno. La lluvia hizo que al día siguiente la pieza brillara, dándose cuenta de que era de oro puro con 1812 gramos de peso.

Fuente: Deputación de Lugo