En el firmamento de la pintura gallega de nuestro tiempo, la obra de José Vázquez Cereijo luce con un resplandor especial de estrella aparte y solitaria. Artista de una poderosa personalidad de pintor, grabador y poeta, es poseedor de un mundo propio y exclusivo, en el cual a la ininterrumpida sucesión de los trabajos y los días hay que añadirle su constante e irrefrenable pasión por la existencia. Su brillante trayectoria es la del eterno buscador de una belleza terrible y moderna, inalcanzable y fatídica. Vázquez Cereijo, que en su adolescencia en Lugo estuvo intentado por el ballet y las artes escénicas y más tarde, en Madrid, por el estudio de la Arquitectura, acabó realizando una obra pictórica en la que los sueños nocturnos y las volicións diurnas mezcladas se plasman en composiciones que expresan la fuerza corporal y mental de un hombre que, para vencer su angustia existencial, quiere dominar plasticamente el eterno giro de la veleta de la fantasía humana.
El punto de partida de la pintura de Vázquez Cereijo, en la década de los años setenta de la pasada centuria, se basa en la vehemencia y desmesura de las imágenes. Al igual que "Orlando furioso" de Ariosto, su estro es arrebatado y violento, de barroca intensidad. Deseoso de llegar al fondo de la vida y del arte que encierra una composición pictórica, en su obsesiva preocupación por la sexualidad y la animalidade de los ser vivientes, realiza una serie de grandes cuadros que el tudense, José de Castro Arines, emparentaba con los enormes lienzos surrealistas de Wifredo Lam y de Roberto Matta. Las imágenes de bestias feroces y de vegetales espiñosos, de formas afiladas e hirientes pintadas por Vázquez Cereijo, constituyen el lío de una fauna y flora monstruosas. A La distorsión y descomposición de las formas se les añade el cromatismo y tonalidades oscuras y violentas de la totalidad. La intensidad expresiva y emocional de su obra primera es la muestra más evidente de un tumultuoso temperamento cuya visión del mundo no puede ser más catastrófica. Sin duda ninguna traduce las inquietudes soterradas de la mayoría de todos aquellos que entonces soportaban la loseta que aplastaba el alma de muchos españoles.
Con el paso del tiempo, que todo lo amortigua y atempera, la pintura de Vázquez Cereijo discurre por canales más tranquilos y serenas. A los brutales ser bicudos y agresivos los sucedieron los paisajes y cuadros de objetos más quietos e inofensivos. El artista, sin abandonar la visión apesarada de la realidad, busca, no obstante, una expresión más tibia y esperanzadora de la vida. Nos sus cuadros, entre figurativos y abstractos, con reminiscencias neocubistas, futuristas y neometafísicas, utiliza una mayor delicadeza pictórica de frías gamas grises, verdes y azules, de matizadas y densas pinceladas. Con motivos descriptivos que recuerdan los sueños nocturnos o los recuerdos de los lugares que dejaron una huella en su memoria, el pintor parece complacerse en la plasmación emotiva y selectiva del sujeto abordado en el soporte pictórico. Muy importante es señalar como Vázquez Cereijo, en la oscuridad de sus cuadros, busca la claridad, acentuando el pálido fulgor que despende la luz en las tinieblas. Una vez más el artista moderno se siente heredero del barroco y del romanticismo, que recibe como el legado de una herencia de la que apenas es consciente o más bien transmisor.
De grande importancia en la producción de Vázquez Cereijo es la obra gráfica. Sus grabados al buril, sus xilografías y linóleos, realizados con técnicas que enlazan con las de las vanguardias históricas de la primera mitad del siglo XX, ocuparon gran parte de su actividad a finales del siglo. El pintor ilustró poemas de Juan Manuel Bonet -inventor de un poeta checo desconocido, Pavel Hrádok- y recogió en carpetas los linogravados del paisaje urbano de las ciudades que más ama. El caso de Praga es para él paradigmático de la ciudad centroeuropea en la cual se encuentra el suyo "paraíso perdido" y recobrado, la mística "Jerusalén" celeste de sus sueños. La caótica acumulación de viejas y pequeñas casas, las agudas torres góticas y los alineamientos tortuosos de las callejas de la urbe centroeuropea son la transcripción de una poética visión de un urbanismo que el pintor soñó de niño. Sus grabados, pese al dinamismo y la agitación de sus formas, paralelas a sus últimas pinturas son un remanso de paz, que en su infancia, vivió dentro del recinto amurallado y lleno de rincones de su Lugo natal.
Horario
Lunes a viernes: 10:30 a 14 y de 16:30 a 20:30 h.
Sábados: 10:30 a 14 y de 16:30 a 20 h.
Domingos y festivos: 11 a 14 h.
Cerrado los días:
1 y 6 de enero (Año nuevo), martes de Carnaval, 22 de mayo (Sta. Rita), y 24, 25 y 31 de diciembre.
Entrada gratuíta
José Vázquez Cereijo
Nace en la capital de Lugo (Galicia), en el año 1940, en la casa familiar de la Plaza Mayor, donde también vivió su tío Luis V. Pimentel hasta su fallecimiento.
A la edad de diez años comienza los estudios de pintura en el Círculo de las Artes de la mano de D. Ricardo Camino. En la adolescencia lo hace con D. Anxel Xohan, compartiendo estos estudios con los de baile clásico con D.ª Pilar Tabernero, que aglutina un importante grupo cultural entre otros: Manuel María, Uxío Novoneyra (cuando bajaba del Courel), Celestino Fernández de la Vega, etc. frecuentando las tertulias del hotel Méndez Núñez con Luis Pimentel y visitantes foráneos.
En 1958 se traslada a Santiago a estudiar primer curso de Medicina.
En 1959 se traslada a Madrid a estudiar Arquitectura.
Nos primeros años de Madrid, además de los estudios, realiza el servicio militar como voluntario en el Ministerio del Aire.
La amistad con Tino Grandio influye en su deseo de pintar, que también le facilita la familia Kreisler. Hasta ese momento sólo hacía ilustraciones y obra menor sobre papel.
La asistencia diaria a la tertulia de D. Celso Emilio Ferreiro lo acerca al mundo cultural presente muy enriquecido.
A partir de los últimos años 60 y toda la década de los 70 se sumerge en la cultura del "27" por las visitas que hace al estudio del pintor D. Gregorio Prieto y las que dos veces por semana le hace a él en su estudio a pintora Maruja Mallo, que a su vez implica la visita de gran número de personas del mundo de ella.
Fruto de esta frecuente relación es la realización de la case totalidad de la obra gráfica de la pintora, siendo la más notable Homenaje a Revista de Occidente, con el apoyo de D.ª Soledad Ortega Espotorno que también la prologaría.
De estes tiempos es la primera exposición "grande" del pintor en el Centro Cultural de la Villa de Madrid (Plaza de Colón).
Crea la galería de arte Minima, en la plaza de las Salesas, donde expone a Picasso y la Miró y también sus amigos Gregorio Prieto y Manolo Viola. Pasado un año venderá la galería por serle imposible tanta dedicación.
En el año 1978 formará grupo con José Luis de Los dice, Luis Eduardo Aute y tres más, exponiendo en Arco varias veces y con varias galerías. Concluye la unión con una serie de viajes por centro y norte de Europa.
Desde los años 70 mantiene una amistad casi familiar con Juan Manuel Bonet y Andrés Trapiello, que dio su fruto en varias publicaciones.
Su carácter viajero le hace recorrer Rusia comunista y países del Este que concluye con una exposición en el Centro Cultural de Colón (Madrid) con óleos y grabados sobre Praga que presentó personalmente D. Eugenio Granell, glosando también el libro Praga de Juan Manuel Bonet y Vázquez Cereijo editado por Andrés Trapiello.
Los libros de poemas, gráficos, etc. los realiza siempre con la colaboración de su mujer Anne Nikitik.
Ya en el nuevo siglo XXI, siguiendo los consejos del poeta y folclorista D. Hasmish Henderson, comienza a pintar de cabalete en las islas Hébridas, cuna de los abuelos de su mujer, pintura que compagina con la del estudio.
Mira la ficha técnica y biografía de Vázquez Cereijo aquí.